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Subsidio San Francisco Javier

PRESENTACIÓN
Cada año las Obras Misionales Pontificias preparan y ofrecen a las comunidades cristianas, grupos misioneros, grupos de oración y reflexión, jóvenes, familias, niños y adultos de toda la Argentina, subsidios para la animación misionera del mes de octubre (Mes de las Misiones), y para la Jornada Mundial de las Misiones (segundo domingo para la Argentina).
En este año de 2006 tenemos una novedad. En la celebración de los 500 años del nacimiento de San Francisco Javier (1506/2006) presentamos una breve biografía del Patrono Universal de las Misiones, como subsidio celebrativo para los encuentros de grupos.
Francisco Javier: un hombre "sin fronteras", intrépido, inquieto, aventurero, universal. Por supuesto, espiritual. Y además un adelantado para su tiempo. No quería ni conocía fronteras. Es Francisco Javier el hombre que en el siglo XVI se aventuró por tierras recónditas y hostiles con una misión: evangelizar los territorios recién descubiertos de las Indias Orientales.
Agradecemos a María del Carmen de Lorenzi y al P. Gustavo Antico, sj (del Centro de Espiritualidad Ignaciano de Argentina) la preparación de este subsidio de animación y formación misionera del Pueblo de Dios, conteniendo cuatro encuentros con San Francisco Javier.
Es nuestro deseo que siguiendo el ejemplo de San Francisco Javier, se reavive en todos el ardor misionero y que, iluminados por los ojos de la fe, miremos más allá de las fronteras y nos comprometamos a ser fieles discípulos y misioneros de Jesucristo.
Buenos Aires, 15 de agosto de 2006
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

1ª Semana:
Francisco Javier: Su despertar espiritual y misionero
Francisco de Javier nace en Navarra el 7 de abril de 1506, en el seno de una familia acomodada, siendo su padre hombre de confianza del Rey de Navarra. Pero en 1515, España absorbe a Navarra y los Javier pierden sus privilegios cuando Francisco Javier tiene nueve años.
Mientras dos de sus hermanos, pelean bajo Enrique D'Albret, para recuperar con el apoyo de Francia su soberanía perdida, Ignacio de Loyola en 1521 se pone bajo las órdenes de Carlos V para que Navarra permanezca española, pero son vencidos e Ignacio herido. En este ambiente de frustradas ambiciones y guerras por el poder, transcurre la adolescencia de Francisco Javier.
En 1525 comienza su carrera en la Universidad de París, la más famosa de su tiempo, con la intención de tener el ansiado título de Doctor, para sobresalir y triunfar y poder así acceder a las cátedras de las universidades más famosas. En París, su situación económica le permite darse el lujo de tener un caballo y un criado a sus órdenes. Pronto brilla en el estudio y en el deporte. Quería ser el primero en todo y se destacaba siempre por tener un cuerpo fuerte y ágil.
En París, compartía el cuarto de estudiante con un joven llamado Pedro Fabro, que se preparaba para el sacerdocio, y al observarlo, Francisco Javier se fue dando cuenta que ese era el camino de la verdad. En 1529 un hecho, aparentemente casual, comienza a cambiar su vida. Llega un nuevo huésped a compartir cuarto con ellos: era Ignacio de Loyola que venía a comenzar sus estudios.
Desde un comienzo Francisco Javier no simpatiza con Ignacio, un hombre entrado en años, ligeramente cojo, aparentemente fracasado, lleno de ideas místicas y necesitado de mendigar para pagar su pensión. Por su parte Ignacio se percibe desde el principio quien era Javier y supo esperar cuatro años para conquistarlo para Jesucristo.
Cuando al fin Javier se rinde y se une a Ignacio y sus compañeros, comienza a frecuentar los sacramentos, a identificarse con los ideales del grupo y el 15 de agosto de 1534, en una capillita de Montmartre, promete vivir el presbiterado en pobreza, peregrinar a Jerusalén y dedicarse con un corazón indiviso a servir la fe. No fue una conversión fulminante o repentina, pero si radical y definitiva, que lo lleva en 1537 a ser ordenado sacerdote junto a sus compañeros.
Luego de terminar sus estudios hizo el mes de Ejercicios Espirituales, conducido por Ignacio. Por su intermedio, el Señor cambió su vida y el rumbo de la misma, abriéndole el camino de la misión que vendría. El antiguo antagonista político de su estirpe era ahora su verdadero padre en el espíritu que lo había ganado para Cristo, aquel Cristo crucificado pero sonriente, que presidía la antigua capilla del castillo familiar de Javier. De esta manera llegaba a la plena disponibilidad, sin presiones ni en virtud de la santa obediencia, sino que respondía con libertad y generosidad a esa invitación que el Señor le estaba haciendo.
Ignacio llegó a decir que Francisco fue la pasta más dura que le tocó moldear. Por eso la labor fue duradera y definitiva. En la memoria de Javier quedó firmemente grabada la máxima evangélica con la que Iñigo iba debilitando las ansias de triunfo humano de Francisco en aquellos años: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si al fin pierde su alma?" (Mt.16,26).
Para reflexionar:
Ver nuestra propia historia de salvación. La presencia del Señor, las personas, que nos han llevado hasta Él y que nos han marcado de una manera especial
Con qué espíritu rezamos, meditamos la Palabra. ¿Hacemos silencio en nuestro corazón y dejamos que el Señor nos hable?
¿Que actitudes tengo que cambiar para responder con mayor generosidad el llamado del Señor?
Para meditar con Francisco Javier:
"¿Qué tengo que no haya recibido de Dios? Señor, que sepa reconocer que todo es tuyo."
"Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que yo haga? Envíame donde quieras"
"Ruego a vuestra santa caridad, Padre mío de mi alma, de rodillas puestas en el suelo, como si presente os tuviese, que me encomendéis mucho a Dios nuestro Señor, para que me de a sentir su santísima voluntad en esta vida presente y gracia para cumplirla perfectamente., y terminada esta inquieta vida, nos junte a todos en la gloria del paraíso. Amén." (Francisco Javier a Ignacio de Loyola)
2ª Semana
Francisco Javier: Su celo por las almas
Francisco Javier fue "un hombre para los demás", y este aspecto se percibe en cada uno de sus proyectos y actividades. Si estaba en casa, prefería vivir en el hospital; si estaba fuera, en una cabaña o en la playa, no buscaba comodidad alguna. Inquieto, sin temor, dinámico, siempre en camino, buscaba ir al encuentro de todos los grupos y comunidades posibles, los instruía en la fe y les administraba los sacramentos, los preparaba para vivir una mejor vida cristiana, e intentaba ayudarlos contra salteadores que podían explotarlos, insultarlos y destruirlos. Muestra su opción preferencial por los pobres y su búsqueda permanente del "magis"
Ya cuando el P. Ignacio lo envía : "Maestro Francisco: Ya sabéis cómo por orden de su Santidad han de ir dos de nosotros a la India y que habíamos elegido por uno al Maestro Bobadilla, el cual por su enfermedad no puede ir, ni el embajador aguardar a que sane. Esta es vuestra empresa. ¿Queréis ir vos?", Francisco, con mucha alegría y sin hacerse esperar responde: "¡Jesús, heme aquí!"
Durante la larga travesía, Francisco dio muestras generosas de su incansable servicialidad, convirtiéndose en el criado de todos y si bien estaba acostumbrado a largos viajes, éstos habían sido siempre por tierra y de a pie, mostrándose como infatigable andarín y donde era posible, pedía limosna y dormía en un pajar. Ahora debía viajar por mar donde no había puertas a las que llamar. Y si bien le habían designado una persona para que lo asistiese durante la navegación, el suplicó que no se lo diesen porque no necesitaba nada ....
En cada lugar donde llegaba, Francisco Javier se dedicaba a visitar aldea tras aldea y pueblo tras pueblo para instruirlos, consolarlos y defenderlos de todos los modos que pudo. Caminaba descalzo por las ardientes arenas bajo un sol abrasador con su sotana negra, comiendo lo que la gente le ofrecía y viviendo en cabañas abiertas, hechas de palos y hojas de palma, cerca de las cabañas de la gente. Rezaba por los enfermos, hacía penitencia, celebraba la Misa a la sombra de un árbol y dormía por la noche sobre la arena.
Así describe Francisco Javier su incansable servicio a los destinatarios de su espíritu misionero: "Los cristianos destos lugares, por no haber quien los enseñe no saben más della que decir que son cristianos ...bauticé una gran multitud de infantes. Cuando llegaba en los lugares no me dejaban los muchachos ni rezar mi oficio, ni comer ni dormir, sino que les enseñase algunas oraciones. Entonces comencé a conocer que de estos tales es el reino de los cielos .... Conocí en ellos grandes ingenios; y si hubiese quien les enseñase en la santa fe, tengo por muy cierto que serían grandes cristianos." ... "muchas veces me acaece tener los brazos cansados de tanto bautizar y no poder hablar de tantas veces decir el credo y los mandamientos en su lengua de ellos y las otras oraciones con una amonestación que sé en su lengua en la cual les declaro qué quiere decir ser cristiano." "Los chicos no me dejaban tiempo para rezar ni comer, ni dormir, sino que les enseñase a rezar. Y entonces comencé a darme cuenta de por qué el Reino de los Cielos es de los niños"
También tiene un trato muy especial con sus compañeros misioneros, poniendo su atención personal a cada uno y reconoce los méritos de quienes han trabajado con esmero y dedicación para recibir algún galardón, enviando en alguna ocasión al Rey de Portugal una larguísima lista de portugueses que merecían esa distinción.
Su actividad y dinamismo estaban enraizados en un profundo espíritu de oración y unión con Dios, que había recibido de Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales. Tras el calor y la fatiga del día se retiraba a un lugar para orar durante largas horas.
Para reflexionar:
¿Qué me llama la atención en la actitud de Francisco Javier?
¿Cómo es mi relación personal con Dios en mi oración? ¿Encontramos en la oración el alma de nuestro apostolado?
¿Cómo es mi trato con mis prójimos: con mis familiares, compañeros de trabajo, amigos ...?
El celo apostólico consiste en una sed ardiente de la salvación de las almas: ¿qué me motiva ir al encuentro del otro?
Para meditar con Javier:
"Visitad a los pobres del hospital ( ...) favorecedlos en las cosas necesarias (....)Visitad a los presos . La gracia y el amor de Dios nuestro Señor sea siempre en vuestra ayuda y favor... Ocuparos mucho en los lugares que visitéis o en los que estuviereis, de enseñar la doctrina cristiana a los niños (... ) No recuerdo haber tenido en la vida más consolaciones espirituales que en medio de tantos trabajos...."
"Conversareis con todos con rostro alegre, no avergonzado ni severo; porque si os vieran serio y triste, muchos por miedo, se dejarán de aprovechar de vos; por tanto sed afable y benigno, y las reprensiones en particular sean con amor y gracia...."
3ª Semana
Francisco Javier: Su experiencia en la contrariedad
No todo en la vida es fácil. Y si pensamos en los Santos como excepción, podemos comprobar que esto no es así. Francisco Javier no fue una excepción.
Como joven idealista, tenía sus propios proyectos. le interesaba estudiar, obtener un título con honores y luego seguir el tren de vida de la nobleza. Y, cuando recibe la propuesta de aceptar la Buena Noticia que le proponía S. Ignacio, tuvo que vencer muchos obstáculos, comenzando con sus prejuicios contra Iñigo, su compañero de cuarto, quien va logrando desarmar esas resistencias con sincera amistad. Le conseguía alumnos, le aconsejaba alejarse de falsos amigos que podrían apartarle de la fe católica o llevarlo por la mala vida. De hecho Francisco Javier se resistió durante tres años antes de aceptar la propuesta de Iñigo.
Estando ya en tierras de misión, Francisco Javier siguió enfrentando sus luchas interiores. Ël que había sido nombrado Nuncio en la India Oriental, no se valió de ese título para ganar ventajas como por ejemplo en Goa, donde se alojó en el hospital donde residían los enfermos pobres en lugar de hacerlo en el Palacio Episcopal.
Era consciente de que los viajes resultaban arriesgados y peligrosos, tanto por las tempestades como por los ladrones o piratas del mar. Entre los imprevistos de viaje, tuvo que soportar duras pruebas, soportando calores tórridos y lluvias torrenciales, se agusanaban los comestibles, se pudría el agua, venían enfermedades desconocidas y muchos fallecían desesperados, siendo sus cuerpos arrojados al mar. Pero Francisco Javier siempre se encomendó a Dios, con total confianza: "Ni la gente bárbara, ni los vientos, ni los demonios, no nos pueden hacer más mal ni enojo, sino cuando Dios les permite y da licencia"
Francisco fue siempre criado y servidor de sus compañeros de navegación y a pesar de sus continuos mareos, atendió a los enfermos, pasando largas horas junto a ellos, ayudándolos a bien morir, predicarles a todos. "Posábamos con los pobres según nuestras pequeñas y flacas fuerzas, ocupándonos así en lo temporal como en lo espiritual. El fruto que se hace, Dios lo sabe, pues él lo hace todo" ... "ser nuestros deseos mucho diferentes de todo favor humano, sino sólo por Dios, porque los trabajos eran de tal calidad, que yo no me atreviera sólo un día por todo el mundo".
Es que Ignacio le había inculcado la adaptabilidad a todas las circunstancias: "Preparados para todo". En un Hospital de San Juan y San Pablo en Venecia, fue donde Francisco Javier, cuidaba incurables y sifilíticos, curando sus llagas purulentas y tras rascar la espalda de un enfermo metió los dedos en la boca para sobreponerse a la natural repugnancia que sentía y al miedo de verse contagiado. Además hacían las camas, barrían, limpiaban los bacines, lavaban enfermos, les daban de comer y hasta los enterraban cuando morían. Se dirían hermanos de san Juan de Dios.
Agotado y en peligro de vida, escribe a un compañero: "En vuestras oraciones y en la de esos niños me encomiendo mucho. Yo con tanta ayuda, no tengo miedo de los miedos que estos cristianos me meten, diciendo que no vaya por tierra; porque todos los que quieren mal a estos cristianos me desean mucho mal. Estoy tan enfadado de vivir, que juzgo ser mejor morir por favorecer a nuestra fe y ley, viendo tantas ofensas cuantas veo se hacen, sin acudir a ello".
Solo es posible afrontar las adversidades espirituales y corporales con buena disposición y confianza plena en Dios. En muchas ocasiones la gente se mofaba e insultaba por la calle a Francisco Javier y a sus acompañantes. Es que venían muy pobremente vestidos con sotana negra sin mangas, descalzos hasta las rodillas y cubierta la cabeza con un gorro de tela, y hasta en alguna oportunidad fueron apedreados.
Para reflexionar:
¿Piensas que tenemos algo que aprender de la vida de los santos, en este caso, de Francisco Javier?
En sus viajes Francisco Javier enfrentó grandes peligros. ¿Cuántas veces nos paraliza el miedo y los preconceptos al ir al encuentro de algo nuevo, desconocido? ¿Cómo vencer nuestros miedos e incomodidades?
Muchos jóvenes como Francisco Javier están en búsqueda de algo importante en la vida. ¿Qué cualidades y actitudes son fundamentales para alcanzarlo? ¿Cómo descubrir en nuestra vida la voz de Dios que nos llama?
Para meditar con Francisco Javier:
"Así rezo, rogando a Dios nuestro Señor nos junte en su santa gloria" pues para ella fuimos criados; y acá en esta vida nos acreciente las fuerzas para que en todo y por todo le sirvamos como él manda y su santa voluntad en esta vida cumplamos. No recuerdo haber tenido en la vida más consolaciones espirituales que en estas islas en medio de tantos trabajos: andar continuamente en islas cercadas de enemigos y pobladas de amigos no muy fijos, sin remedios para las enfermedades (...). Mejor es llamarlas islas de esperar en Dios que no Islas del Moro."
4ª Semana
Francisco Javier: Misionero semabrador
Francisco Javier se pone siempre en manos del Señor ante las dificultades y problemas que se presentan al ir a misionar.
Hombre llano y sencillo, dedicó su vida a anunciar a Jesucristo con pasión y generosidad. No fue ajeno a los sufrimientos de los hombres, compartiendo con ellos su pobreza y la opresión y les dio todo lo que tenía: Dios y su Reino. Se entregó totalmente a los demás, con amor y pasión para evangelizar con creatividad y libertad interior, llegando desde reyes a los más sencillos.
Mostró con su ejemplo que "el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras" y todo lo hizo con fervor y apasionamiento, encarnando de manera admirable el "magis ignaciano".
Francisco Javier, un hombre de grandes deseos, transformado en un hombre del espíritu, hombre tierno y afectuoso, hombre de oración y de acción que al darse con amor y confianza llegó a evangelizar con mayor eficacia logrando frutos mayores.
Misionando por el mundo, se encontró con judíos, moros, portugueses, hindúes nativos, etc. .... A todos abrazaba con un corazón abierto y generoso animado por el ideal que lo animaba, siendo consciente de que este no era su destino definitivo. Era un hombre en permanente estado de misión, dondequiera que se encontrase.
Su manera de evangelizar a los pobres y sencillos era hacerles repetir alguna oración que recitaba o cantaba, invitándoles a repetir en sus casas lo aprendido. Confesaba y consolaba a los presos, visitaba los leprosarios. También se acercaba a los soldados y comerciales. Su carácter jovial y profundamente espiritual conseguía ganarle los corazones a todos, anunciando la gran misericordia de Dios.
Francisco fue misionero "full time", todas las horas del día. No era entonces extraño que lo acompañara el amor y la voluntad de todos.
"¡Que muerte es tan grande vivir, dejando a Cristo, después de haberlo conocido, por seguir propias opiniones o aficiones! No hay trabajo igual a éste. Y por el contrario ¡que descanso vivir muriendo cada día, por ir contra nuestro propio querer, buscando no los propios intereses sino los de Cristo! "
Se sentía "inútil instrumento" en manos de Dios, para sembrar la fe entre los paganos y de singular humildad "siendo yo polvo y ceniza, y en esto de lo más ruin", teniendo siempre presente la necesidad de operarios para la mies. No menor era su abnegación y desprendimiento, se negaba a cambiar su gastada sotana y sus muy gastados zapatos, siendo radical en su pobreza
Evocar su memoria nos anima y alienta a encarnar en nosotros este estilo de vida para ser apóstoles y misioneros, llevando la Buena Noticia y al encuentro personal con Jesús
Para reflexionar:
Francisco Javier confía y espera siempre en el Señor, no en sus propias fuerzas o medios humanos. ¿En quién pongo mi confianza?
¿Pongo mi vida en manos del Señor y me dejo conducir por El?
¿Vivo y transmito en mi vida cotidiana la alegría y esperanza del Amor de Dios?
Para meditar con Francisco Javier:
"Una de las cosas que nos da mucha consolación y esperanza muy grande ( ... )es el entero conocimiento que de nosotros tenemos ( ... ) pues todas las cosas necesarias para extender la fe nos faltan y siendo así que lo que hacemos es solo para servir a Dios nuestro Señor, crecemos siempre esperanza y confianza en que Dios nuestro Señor para su servicio y gloria nos ha de dar abundantísimamente en su tiempo todo lo necesario. Puesta toda mi esperanza y confianza en Dios nuestro Señor, conformándome con el dicho de Cristo, nuestro Señor y Redentor: Quien quiera salvar su vida la perderá, mas quien perdiera su vida por amor de mi la encontrará "

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